El Arte de dejarlo Todo


Para Cristina Flores siempre estuvo bien claro: ella tenía que ser una artista. Le atraía la idea de crear; de jugar con las ideas, la sugestión y el color. Y la tuvo claro cada uno de los siete ciclos de economía y finanzas que estudió en la UPC. Se ríe cada vez que se acuerda. “El 2013 ya estaba harta, y quería irme de la casa de mi viejo. No podía seguir soportando la rutina de los números y la bolsa, sentía que me ahogaba, que no estaba siendo feliz”. Entonces se enteró del examen de admisión de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Las cosas ya andaban mal en su casa. Su padre no protestó cuando recibió la noticia de que dejaba la carrera a un año y medio de terminar. Pero no la iba a apoyar económicamente.
Fueron duros los primero años, cuenta Cristina. Los primeros años en el pequeño cuarto en Lince, que sin embargo le produjo tanta felicidad. En 2014 la Escuela la había absorbido por completo. “Hice nuevos amigos, conocí gente de  (…), gente muy talentosa. Yo sentí como si hubiera vuelto de algún sitio a retomar el lugar que siempre me había correspondido. Me sentía como en casa”.
Es ahí en donde comienza con los polos. Había necesidad de dinero, y empezó pintando unos cuantos para vendérselos a sus amigos. Cada uno con un diseño único y psicodélico. Pronto llegaron pedidos de todos lados. “Fue una forma práctica y comercial de dar a conocer mi arte. A partir de mis polos es que la gente empieza a pedirme cuadros”.
Cristina se alista para ir a la escuela. En su mochila hay pinceles y frascos de pintura. En la tarde tendrá un almuerzo con la familia de su novia. Ambas trabajan en el proyecto Macumba. “Así era como me veía hace cuatro años. Sacándome el ancho pero por algo que yo amo, que a mí me gusta.” En junio de 2017 armó una expo en Iquitos en la que colaboraron fotógrafos y literatos. Sus pinturas chorreaban color y sentimiento. En 2018 planea armar exposiciones en Canadá y luego Luexemburgo.

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